6 METROS BAJO TIERRA.
CAPÍTULO 8
"UNA GUERRA QUE NO PUEDES GANAR"
El horror máximo que puede vivir un ser humano es que su familia quede atrapada en medio de una guerra entre el bien y el mal, y este engendro había tenido la malicia suficiente para que mi esposa y mi hija entraran al vagón del metro, en el justo momento en que se iba a librar nuestra batalla. Tuve muy poco tiempo para pensar, pero mi mente se movió en cámara lenta en ese instante: Ese tren iba circulando a punto de desengancharse entre el vagón 5 y el 6, cuando esto sucediera la pérdida de tracción ocasionaría que los cierres automáticos en el sistema de frenado se bloquearan bruscamente, con el peso y la velocidad, se saldría de las vías... en ese segmento de las vías estaban cuatro sistemas de cambio, de encajarse el vagón erróneamente en uno de los empalmes, causaría un corto entre el resto del tren y la parte separada, lo que inminentemente podría causar que todo el túnel se incendiara. Era hora de proceder, al escuchar la sirena del cierre de puertas tenía como siete segundos para correr desde mi cubículo de vigilancia hasta la cabina desocupada, y cuarenta segundos para llegar a los vagones que amenazaban con separarse, y esto no se avizoraba nada sencillo pues tenía que caminar de vagón en vagón hasta llegar a la caja de válvulas que se ubicaba en el exterior de cada vagón e ir cerrando lentamente el sistema de frenos en modo manual, o al menos intentar reconectar las líneas.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, apenas si me alcancé a sujetar del tubo y subí a la cabina, con pánico descubrí que el acceso al vagón estaba resguardado por el seguro, así que tomé el extinguidor de fuego de la cabina y comencé a golpearlo frenéticamente, hasta que cedió... ahora faltaba lo más grande del reto, comencé a abrirme paso entre los pasajeros, a empujones y codazos...
-¡óyeme pinche loco!-
gritaban algunos a medida de que yo avanzaba, en mi subconsciente, me daba cuenta de que aquel tren iba ganando velocidad, y he de decirles que treinta kilómetros por, hora en esas circunstancias viene siendo una velocidad de muerte. Casi había avanzado tres vagones, ya me acercaba a mi meta cuando sentí como el tren empezaba a hacer maniobra, es decir, se aprestaba a tomar una curva entre zócalo y Allende, esa es una curva demasiado cerrada, por lo que temí que se me estaba acabando el tiempo, el operador tenía que presionar los frenos a la mitad de la trayectoria, seguí corriendo y empujando a la gente, por fin llegué a la unión, ahí deslicé los seguros que evitan que los pasajeros queden expuestos al exterior, y de inmediato tuve a la vista las mangueras de aire del sistema. Como lo pensé estaban desconectadas, y perdían fluido, pero lo más aterrador fue ver que el sistema hidráulico también
-¡mierda!¡¿también el hidráulico?!-
Fue mi pensamiento: el tren entró a la curva y pude sentir como el operador comenzaba a frenar los primeros vagones...
-¡todos... para atrás... esto se va a voltear!-
Grité y de inmediato vino la reacción de los pasajeros, tomé las mangueras e intenté conectarlas en el empalme, no lo logré a la primera, necesitaba extender más mi cuerpo, en el segundo intento... lo hice, la manguera emitió el crujido característico de cuando empalma bien... pero ya era demasiado tarde, la falta de presión ocasionó que el tren comenzara a salirse de la vía, comenzó a golpear las paredes del túnel, provocando que salieran chispas con cada impacto, el ruido era devastador para la conciencia, los vidrios rompiéndose bañaban de diminutos fragmentos a los pasajeros que quedaban en ese vagón y que se habían caído al suelo ante los impactos del tren... en ese momento se me ocurrió la idea más descabellada, si separaba los vagones a la altura de donde estábamos, el resto del tren perdería peso y quizá los cinco vagones de adelante alcanzaran a salvarse... eso fue suicida, tirado en el suelo del vagón, moviéndome entre los vidrios rotos y posesiones abandonadas por los pasajeros que al entrar en pánico, habían abandonado para escapar al otro vagón. Metí la mano al desconector de los empalmes...en otro momento habría sido necesaria una barra de metal para desenganchar, pero yo solo tenía mis manos, con solo tocarla la temperatura que había alcazado, me hizo estremecer de dolor, jalé la palanca que accionaría el sistema, y aun cuando pude escuchar como mis dedos se rompían ante la fuerza que se requería para abrirla, lo logré y en ese momento pude ver como la parte delante de mi se estabilizaba y retomaba la vía... en ese momento, es como si todo el tiempo se hubiese detenido... pude ver a través del cristal a mi esposa... y mi hija siendo abrazada por ella... a su vez el hombre del la blanca vestimenta las abrazaba a las dos... era todo lo que necesitaba ver... ellas lograrían salarse... después cuando el tiempo pareció arrancar de nuevo, el ente de obscuridad estaba a mi lado...comenzó a patearme aún en el suelo, yo tenía una mano destrozada, sangrando, con cortes en mi cuerpo y golpes, por lo que cubrirme de ataque era, aún más difícil.
-¡esta es una guerra que no puedes ganar!¡te dije que no te atrevieras a a desafiarme!-
En ese momento entendí que alguien me estaba ayudando, no se si lo aluciné o de verdad sucedió, pero, en el otro extremo del vagón pude ver como ese espíritu errante... Felipillo, había desconectado el otro empalme, por lo que el otro sector del tren se había detenido sin mayor problema al perder tracción y peso, todos en su interior estaban bien, el único vagón que peligraba era este en el que nosotros estábamos, solo cinco pasajeros, el ente maligno, Felipillo y yo. Y el tiempo se volvió a activar, un golpe más contra los muros y fue letal para mi, esos segundos en los que la muerte viene por ti, que parecen una eternidad, caí a las vías.... 5000 voltios me recibieron pasando por mi cuerpo, olor a quemado, la ropa se derritió sobre mi piel, mi cuerpo movido por la velocidad raspándose en las piedras de la vía, golpeando contra los durmientes, sentí como cada hueso de mi organismo, se rompía... un eje desprendido del tren... terminó por golpearme en el rostro... después solo obscuridad...
CONTINUARÁ.... AHORA MISMO.
6 METROS BAJO TIERRA
CAPÍTULO 9
"NO PERTENEZCO A LAS SOMBRAS"
Todo había terminado ya, el sitio estaba en silencio, a no ser por los gritos que daban algunas personas, quienes habían resultado heridos en el choque, a mi me costaba mucho trabajo respirar, de pronto pude ver a mi esposa y ni hija acercándose a mi cuerpo destrozado, estaban muy asustadas, yo no entendía lo que decían... por un momento cerré los ojos y al abrirlos estaba en ese reino subterráneo que pertenecía a ese demonio.
-Ya me lo temía... ¡no te tengo miedo!-
Este ser apareció de la nada...
-eso ya lo se... si me hubieras tenido miedo, me habrías obedecido... ahora... allá arriba estás a punto de morir y pasar la eternidad aquí conmigo... creo que no pensaste en tu esposa... en tu hija... ahora ella crecerá sola... que mal ¿no?... pero puedo... proponerte un trato... ya... se que no tendré las quinientas almas... nadie murió... nadie quiso entregármela en el último momento... pero tú... puedes darme la tuya... a cambio, yo te dejaré vivir... y tú podrás ahora sí darme cuantas almas como te sea posible...¿hacemos un trato?... esta misma tarde estarás con tu familia... -
-mi familia... perdón... pero tendré que decirte que no... hace unos meses me engañaste... solo querías que estuviera dispuesto a cederte mi alma y las de los demás y que lo hiciera con gusto... pero no voy a hacerlo... no te serviré...¿dices que mi hija crecerá sola?, tal vez... solos pero sabrá que en el último momento su papi hizo lo correcto... ahora se que tú no puedes tocar a mi familia... por que ellos te rechazaron desde siempre... ¿ya viste que a final de cuentas fuiste tú quien no pudo ganar?.... yo no pertenezco a las sombras...-
El ente levantó su bastón por los aires, intentaba golpearme con él en el momento que estaba apunto de tocarme, una luz enorme, muy intensa me iluminó, yo volví a mi cuerpo la luz era emitida por una linterna de un bombero de estructuras colapsadas-
-¡está vivo!¡ayúdenme a quitarle este eje de encima!-
Aquello era un festival de paramédicos y cuerpos de emergencia, los escuchaba hablar... y en un momento cuando volteé al corredor donde se conectaban el infierno y la tierra, pude ver al la gente sombra huyendo hacia la entrada de su mundo que amenazaba con cerrarse, lentamente se colapsaba en un círculo que se hizo tan diminuto que desapareció.
-Amigo... te vamos a mover... uno... dos... tres...- Escucho la voz de ese paramédico contando el momento en que levantan la camilla conmigo a bordo... volteo a verlo y es ese ángel de luz que me ayudó a entender como debo cuidar mi alma...
-vas a estar bien....-
Me dice mientras esboza su sonrisa serena, otra voz lo interrumpe mientras caminan con la camilla a cuestas...
-Tiene quemaduras en el treinta por ciento del cuerpo, segundo y tercer grado, fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda, su mano derecha está totalmente cercenada... necesitamos el helicóptero.. los otros cinco heridos, no son graves... tres podrán irse a casa y dos irán en la ambulancia 876 por crisis nerviosa y hematomas.. .-
-Bien ¿hay algún muerto...?-
-ninguno señor... Mateo, el supervisor de seguridad, alcanzó a desconectar los trenes, si no esto abrís sido mucho peor...-
-¡bueno... hay que moverse!-
Es todo lo que alcanzo a escuchar... Cierro los ojos y dejo de percibir sus voces... solo siento la manita de mi hija sujetar la mano que me queda... oigo su diminuta voz pero no logro entender lo que me dice...
12 MESES DESPUES...
Al final de cuentas logré recuperarme físicamente... obviamente el gobierno me hizo comparecer en un juicio del que fui casi exonerado, al final de cuentas solo hubo cinco heridos, nadie murió ese día, las pérdidas materiales fueron cuantiosas, mi esposa y mi hija esperan a que salga de este lugar... ya quiero verlas de nuevo, las extraño mucho, pese a que esto no es la cárcel... verán, después de todo lo sucedido, entré en una depresión muy severa, así que voluntariamente vine a aquí a ser tratado de esa depresión... estoy en manos del doctor Cárdenas, uno de los mejores psiquiatras del país... he hecho amigos... no todo el mundo está loco en este lugar, Roberto por ejemplo: es obsesivo compulsivo... pero sus facultades están bien... a veces jugamos ajedrez. Este es u lugar seguro, de descanso... aquí no pudo seguirme ese ente, jamás lo volví a ver y dudo mucho que exista algo peor. Aquí estoy a salvo de lo que sucede a 6 metros bajo tierra.
FIN
Christian Perales
El Comisario del terror
Derechos reservados
Junio 2015
Comentarios
Publicar un comentario