6 METROS BAJO TIERRA. 

CAPÍTULO 2 Riqueza inesperada.

    Después del funeral de Felipillo, de cierta forma todos nos hundimos en la tristeza, mientras que yo me quise aferrar a la idea de que lo que le había sucedido era producto de mi imaginación o una fatídica coincidencia, diario pasaba por el cambio de vías preguntándome como era posible que uno de los cambios hecho en una de las estaciones había repercutido en el hangar de mantenimiento, y a diario tampoco tenía una respuesta.

    Pasaron dos meses desde la muerte de mi compañero y así llegó el día de la ceremonia en que los empleados del sistema de transporte colectivo somos recordados, era una ceremonia como las otras, unos recibían reconocimientos por los años que llevaban laborando y con ello la irónica y amarga noticia de que pasarían a las filas de los pensionados del ISSSTE, yo pensé que sería una más en la que yo me iría a casa con las manos vacías, hasta que uno de los funcionarios del gobierno tomó el micrófono y comenzó a hablar.

-y el reconocimiento más importante de este día es para Mateo Olvera, que a lo largo de estos siete años ha desempeñado una de las labores imprescindibles del sistema de transporte colectivo metro. Démosle un fuerte aplauso... Mateo sube aquí, pasa por tu premio.- 

   Y el premio ya no solo constaba de un reconocimiento en un marco elegante, también, lo acompañaba un cheque por 50 mil pesos, era una cifra que ninguno de mis compañeros había obtenido jamás, incluso los que llevaban más de veinte años trabajando en el sistema. En ese momento vino la ovación y los aplausos

-te lo mereces- 
decían algunos de mis compañeros, hubo aplausos al por mayor... lamentablemente también en ese mismo momento sucedió algo que me hizo entender que las cosas estaba a punto de empeorar, ya que en la multitud de mis compañeros e invitados al evento, pude distinguir a aquel hombre o bestia que había tenido la desgracia de conocer en el andén de la línea ocho, él también aplaudía, y ostentaba la sonrisa más diabólica y sarcástica que yo había visto en toda mi vida. Después de la ceremonia volvimos al trabajo, y al menos en lo que restó del día ya no volví a ver a este ente, simplemente terminé de hacer lo que me tocaba y después fui a casa.

     No podía esperar el momento de estar con mi esposa y mi hija, al llegar me recibió ella, esa pequeñita que requería de un respirador portátil para mantenerse con vida, su pequeño abrazo significó algo que solo hasta ese día entendí: que no necesitaba un reconocimiento en un marco elegante, que no necesitaba tampoco una riqueza monetaria, si no solo luchar por ellas, mi esposa y mi hija y ese abrazo lo valía todo en mi vida, pero ahora era muy tarde, había firmado un pacto con el mal, le había vendido mi integridad, representada por las quinientas almas que me había pedido este tipo. Nos sentamos a cenar a la mesa, y por un momento pude olvidarme de todo lo que había sucedido en las semanas anteriores. Al terminar la cena fui a arropar a mi pequeñita, le leí un cuento de princesas hasta que ella se quedó dormida. Después fui con mi esposa y le di la gran noticia: teníamos cincuenta mil pesos, ahora ya podíamos costear el tratamiento de nuestra razón de ser. Mi esposa por supuesto no cabía de felicidad, y después de celebrar el hecho, decidimos que era hora de ir a dormir.

      Una pesadilla en ese momento nueva, hoy recurrente se implantó en mi mente desde esa noche: las vías... pero no eran las de siempre, estaban oxidadas, muy avejentadas, en el sueño, yo me bajaba del ten para hacer el cambio manual, y veía a Felipillo, de espaldas hacia mi, como llorando, muy bajo, apenas perceptible

-¡Pillo....Felipillo!-

     Mas cuando Felipillo volteaba a mirarme, su cabeza estaba destrozada por el eje que causó su muerte, le faltaba una parte de su rostro, su ojo izquierdo colgaba sobre su mejilla, parte de su cerebro estaba expuesta...dentro de su boca, todos sus dientes estaban rotos y tenía la mirada vacía y sin alma: la sudadera de los 49 de San Francisco con la que habitualmente llegaba a trabajar en vida estaba desgarrada, llena de sangre, cuando dirigía la mirada hacia el suelo él no tenía pies... en esa pesadilla yo me quedaba paralizado al verlo mientras él intentaba de abrazarme.

-Mateo.... ¡¿qué hiciste?!-

     Insoportable... desperté entre un sudor frío, vi el reloj en el buró y eran las dos de la madrugada, quise despertar a mi esposa y ella simplemente, siguió durmiendo, creo que en gran medida, por la tranquilidad de saber que nuestra pequeñita estaría bien, y que nuestra suerte iba a cambiar. Salí de la cama para ir a la recámara de mi hija, necesitaba ser monitoreada constantemente, cuando llegué ahí quise gritar ante lo que estaba viendo, en la silla que ocupábamos para leerle el cuento a nuestra pequeñita, estaba ese hombre.. con su traje totalmente negro y su sonrisa macabra, fumaba un cigarrillo mientras contemplaba a nuestra niña.

-¡largo de aquí hijo de...!-
-shhhh.... vas a despertarla... tienes una familia maravillosa...-
-¡¿Qué quieres?!-
-solo vine a preguntarte si te gustó tu premio....-
-mira... ya... tu me estafaste... yo... yo... no quería firmar nada...-
-pero querías ser reconocido y admirado ¿no?... esas son el tipo de ambiciones que me gustan... hay quienes me piden conquistar al mundo... o que elimine a sus enemigos políticos... pero tú... solo querías respeto... admiración... eso me gustó de ti...por ello también te daré cuantiosas riquezas...pero... no se te olvide que tenemos un trato... me darás quinientas almas...-
-No-
-Es que no te estoy preguntando... ¿quieres ver bien a tu hija no?... pues cumple y yo seré benévolo contigo....mañana.... alguien saltará a las vías... tus vías... los rieles que están a tu cargo... esa será tu primera misión... dame esa alma... después, las que vengan serán muy fáciles para ti... solo tienes que terminar lo que ese suicida comience...-
-Ya te dije que no....-
En ese momento ese ente se levantó de la silla, y sin más ni más desapareció cruzando la pared, antes de desparecer del todo solo alcancé a escuchar una última frase.
-Esa ya no es tu decisión...-

Yo, en ese momento solo abracé a mi nena y así me quedé con ella hasta el amanecer. Con la salida del sol, mi fe y mis esperanzas renacieron mi esposa y yo estábamos muy felices pues por primera vez, ella llevaría a nuestra nena von el médico que nos habían recomendado, yo me iría a trabajar, y he de decir que hasta por instantes, me olvidé de lo sucedido aquella noche bajamos a desayunar y mi pequeña hija, se había contagiado de nuestro júbilo momentáneo, bajó con sus crayones y unos dibujos que comenzó a mostrarme, había dibujado nuestra casa, a nosotros pero de pronto algo me hizo estremecer en uno de sus trazos
-Mira papi... este es mi amigo "el negrito"...estuvo jugando conmigo ayer todo el día... dice que quiere que conozca su mundo... pero no puede llevarme, por que tú trabajas para su jefe...¿de verdad?-

    Cuando vi ese dibujo hecho por mi niña... noté con profundo terror que quien estaba representado ahí, no era un niño... era una de las "gente sombra" como las que se habían llevado a Felipillo.

CONTINUARÁ....

Christian Perales 
El Comisario del terror 
Derechos reservados 
Junio 2015

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