6 METROS BAJO TIERRA CAPĂTULO 5
"LUZ... PERO NO EL FINAL DEL TĂNEL"
AsĂ fue como me resignĂ© a mi suerte, sin saber que hacer, sin alguien que pudiera entenderme y ayudarme, me sentĂa perdido, con la vigilancia constante de la gente sombra, y el sentir que no habĂa nada que pudiera hacer al respecto, llegĂł el momento en que no pude precisar cuantos muertos pasaron manchando mis manos, cuantos inocentes pasaron a formar parte del gran peso de mi conciencia, todos aquellos suicidas frustrados terminaron por encontrar su fin a manos mĂas, otros simplemente se accidentaron, pero tambiĂ©n fueron parte de mi descenso al abismo del horror que vivĂ, lo curioso es que nadie, sabĂa que yo habĂa terminado el trabajo que la maldad habĂa iniciado, nunca habĂa algĂșn indicio de que yo lo hubiera hecho, ni testigos ni cĂĄmaras y mientras tanto el dinero me seguĂa llegando, he de decirles que mi cuenta de nĂłmina llegĂł a los seis ceros, pero todo ello era como yo lo sabĂa, dinero manchado con la sangre de los inocentes.
Una noche, despuĂ©s del cierre, me fui a revisar las escaleras elĂ©ctricas de la estaciĂłn, serĂa como la una de la madrugada, el ambiente estaba mĂĄs frĂo de lo normal por la lluvia que habĂa bañado la ciudad, cuando caminaba por el andĂ©n pude ver la silueta de una mujer flotando entre los pasillos, vestĂa de blanco y su aspecto era desgarrador, se me quedĂł viendo con esa mirada de dolor y coraje al mismo tiempo, yo esperaba lo peor, pero solo vi una lĂĄgrima escurriendo por su mejilla, despuĂ©s el silencio se entrecortĂł cuando ella me preguntĂł...
-¿has visto a mi novio...no ha llegado a casa...-
Yo apenas iba a salir corriendo, pero me detuvo el ver que el ente, mi verdugo de los Ășltimos meses estaba junto a mi, y con esa misma risa macabra y mĂłrbida, comenzĂł a aplaudir con mucho sarcasmo...
-¡Bravo! Bravo Mateo, he tenido fieles sirvientes, pero tĂș eres de los mejores... mira que hacer que la novia de tu primer trabajo... de ese tipo que acabaste con la pala, tambiĂ©n se suicidara.... eso es inaudito... me gusta.-
De pronto por algo inexplicable esta vez ese ser, no se quedĂł mĂĄs tiempo ahĂ, simplemente desapareciĂł al instante, junto con Ă©l, aquella alma en pena, pero algo estaba fuera de lo normal... esta vez no estaba la gente sombra. Pasaron unos minutos, que tomĂ© para tranquilizarme, me fui al cubĂculo y tratĂ© de rezar, aun cuando las palabras de las oraciones se revolvĂan en mi mente, impidiĂ©ndome elevar una plegaria, pero de pronto, todo el ambiente estaba en quietud y parecĂa que serĂa una noche serena, y de hecho lo fue... serĂan cerca de las tres de la madrugada cuando tomĂ© valor para regresar al vestĂbulo junto a las escaleras elĂ©ctricas.
Cuando volvĂ, en una de las bancas, encontrĂ© a una persona sentada, me ocultĂ© tras uno de los muros para que no me viera, mientras tanto, yo si podĂa observar cada uno de sus movimientos, simplemente estaba ahĂ, sentado tarareando una canciĂłn, no flotaba, y su aspecto era el de una persona completamente normal, salvo por que su vestimenta era totalmente blanca, nada presuntuoso, simplemente vestĂa un pantalĂłn blanco y una camisa de manta, pero lejos de ser ese color "hueso" de la manta, el de su camisa era blanco, su tez era morena y sonreĂa por momentos dejando escapar un halo de serenidad cada que lo hacĂa. Era mi deber evitar que alguien permaneciera ahĂ, ademĂĄs de el hecho de que no querĂa lidiar con otro suicida.
Asà que sacando valor, yo no se de donde, me acerqué a él...
-Señor.... disculpe, pero no puede estar aquĂ...-
De pronto Ă©l me mirĂł... pero no era la mirada de maldad que habĂa visto en otros seres Ășltimamente.
-claro... lo se.... solo estarĂ© un momento mĂĄs... ¿cĂłmo estĂĄs?-
-¿disculpe?...-
-te veo muy preocupado... haz perdido peso, no has dormido ¿verdad?-
-si pero ¿como sabe eso...?....-
-solo lo se... tranquilo... todo va a estar bien...solo quiero decirte que nada es posible sin la voluntad de Dios... y nada ni nadie puede arrebatare algo, que Ă©l te dio... como tu alma tu espĂritu y lo que eres, siempre que tĂș no estĂ©s dispuesto a darlo por tu propia voluntad...-
En ese momento no entendĂ lo que sucedĂa, pero por primera vez en muchos meses sentĂ tranquilidad, sentĂ que podrĂa recuperar mi vida...
-¿quiĂ©n eres?...-
-¿quiĂ©n eres tĂș...?....Mateo, nada estĂĄ perdido... tratarĂĄn de confundirte... solo tienes que ver con los ojos del alma....-
En ese momento, recibĂ una llamada por el radio...
-¿me disculpa un segundo...?
Solo habrĂ© tomado un segundo en el que agachĂ© la mirada, mĂĄs cuando volvĂ la vista, aquel hombre dueño de tanta sabidurĂa y bondad, ya no estaba ahĂ.
CONTINUARĂ....
Christian Perales
El Comisario del terror
Derechos reservados
Junio 2015
Comentarios
Publicar un comentario